Orcos, orcos y pieles verdes

El gran orco Gulfrag se encontraba sentado en el centro de un tronco tumbado, cortado hace décadas por sus antepasados. Miraba desde la colina al resto de los pieles verdes en la aldea orca, como cada uno estaba centrado en los quehaceres de su vida cotidiana. Orcos soldados guerreaban entre ellos practicando para la lucha, trolls de rio y de piedra colocaban desde el lodazal cercano piedras para construir chozas, los goblins se puteaban entre ellos entre risas y setas Hongos Sombrero Loco... Mientras, él tallaba con sus manos, y con una navaja de buen tamaño, un vaso circular de madera, de manera tosca, para que su niño orco recién nacido dejase de chupar el suelo y bebiese agua de un vaso.
En ese momento pasaron dos ancianas orcas por delante de él y se quedaron mirando como esculpía aquel objeto.
-Zeñoras -saludó-, aquí me ven creando con miz manoz un artilugio humano para beber agua de los pozoz.
Una de las ancianas miró a su compañera y negó con la cabeza.
-¡Zeñoras! -dijo de forma enérgica-. Este objeto hará que mi hijo pueda beber maz agua que con zuz propiaz manos.
Los orcos soldados se acercaron al ver a su líder que hablaba de forma poderosa a aquellas mujeres de ajadas arrugas verdosas.
-¡Orcoz todos! -Continuó hablando Gulfrag a la vez que alzaba el vaso para que todos pudiesen verlo-. ¡Este objeto de incalculable valor sentimental, hará que loz pielez verdez den un pazo de gigante en nuestraz cozaz del comer y del beber!
Todos le miraban con admiración. Cayados. Expectantes ante las sabias palabras de su Caudillo. Los Trolls y los goblins también se acercaron a la multitud.
-¡Pueblo de pielez verdez! ¡Ezto que tengo en mis manos nos hara ganar batallaz, partidoz de blood bowl, y hará a nuestro pueblo llegar hasta el Gran Waaagh!!!!- Y apretó con tanta fuerza el vaso que lo dejó ovalado haciendo saltar astillas de él y hacer que se desquebrajase.
Todos chillaron de alegría al unisono.
Cuando la multitud se quedó cayada una de las ancianas se llevó la mano al oído porque estaba sorda y no había escuchado nada de nada.
-¿Comoooo? -preguntó.
-Que ez un cubilete para sus dadoz... para zuz juegoz de mesa -dijo la otra.
El resto del pueblo afirmó ante el apunte de la anciana y se volvieron a sus tareas.
Las dos ancianas orcas se marcharon lentamente mientras una le decía a la otra amiga:
-Ezte orco nueztro... eztá peor de la cabeza que un garrapato cavernícola.